viernes, 29 de enero de 2010
dos capitulos nuevos.
Verónica acostumbraba todas las noches de verano, salir al patio trasero de su casa a contemplar la noche. Se recostaba sobre los bancos de la pérgola y miraba las estrellas. Pensaba que existía allá realmente, intentaba entender porque había un espacio, como es que existía el planeta, si los extraterrestres existían, pero abandonaba aquellos pensamientos, era estúpido y deprimente pensar en ello. Ni la ciencia ni dios podían responder sus preguntas.
Miraba la luna y cerraba los ojos disfrutando de aquella suave brisa de verano nocturna, le gustaba aquel particular fenómeno porque le recordaba a los tiernos e intensos besos que había recibido alguna vez de un amor que sintió eterno.
Amaba la noche, absolutamente todo cobraba una particular belleza. Además de que la noche era más romántica: estrellas, frio, brisas, luna, eclipses. Odiaba el día, primero por la falta total de magia, segundo porque el sol dañaba su albina piel y tercero, la gente común vivía intensa de día y dormía de noche. Verónica amaba vivir de noche, a pesar de que muchas veces la ciudad y el barrio dormían, ella se sentía más acompañada que nunca, sentía que así podía ver cómo era todo realmente.
VII
“Esta relación de mierda”. Era lo que resonaba en su cabeza. Eran las palabras que ella había usado, eran las palabras que Lautaro había empleado esa tarde en una discusión por teléfono.
Lautaro, era aquel personaje pintoresco de la radio. Nunca Verónica entendió por qué, pero se habían conocido y desde allí se habían enfocado en una relación. De vez en cuando, Verónica recordaba aquella tarde cuando había tomado la decisión de acudir al lugar de la cita, un bar céntrico. Recuerda que estaba muy nerviosa, que antes de partir no sabía si estaba lo suficientemente arreglada, si era el atuendo indicado, no quería dar una pista errónea.
Recorrió las calles tratando de pensar otra cosa, pero no podía. Pensaba en si la secuestraba, después se refutaba así misma de que aquella ciudad era una de las pocas donde una joven puede andar sola a altas horas de la noche. Seguía el camino y volvía a pensar de qué charlarían, inventaba tema de discusión pero sola veía como acababan muriendo en el silencio de ambos.
Llego, se sentó donde habían dicho: una mesa cerca de la ventana. Esperó unos minutos, pensó que no iría y se fue. Cuando estaba partiendo un mensaje le llegó de Lautaro, preguntándole dónde estaba y ella dijo que estaba llegando. Volvió a entrar en el bar, se sintió estúpida, levantó la mirada y vio a un hombre que se levantó hacia ella y le preguntó: “¿vos sos Verónica?” y sin esperar a que ella respondiera dijo: “soy Lautaro, el de la radio. Un placer”.
Se sentaron y el notando que Verónica era mucho más joven de lo que creía hizo un chiste de muy mal gusto: “pensé que no venías porque preferiste mirar patito feo”. Ella dibujó una mínima sonrisa. Él preguntó si bebía alcohol y ella respondió que sí, entonces pidió una cerveza.
Verónica lo miraba con detenimiento, pero no quería que él lo notara. No sabía cómo describirlo. Era peculiar. No era muy bonito, pero tampoco demasiado feo. Concluyó en calificarlo de común ya que no encontraba nada que lo haga especial.
El preguntó su edad, “es que no me acuerdo”.
-“18”- respondió.
-“Sos un bebé”- remató el.
- “vos, ¿43 verdad?”.
- seguro que pensas que soy un viejo choto- sonrió.
Y eso había notado Verónica, que a pesar de estar hablando con un adulto no lo sentía así y menos como un viejo choto. Eso lo hacía especial: su espíritu y a la vez su rostro joven, si él no le hubiese dicho su edad ella hubiera concluido que tenía alrededor de 35 años o menos.
Él le contó sobre sus andanzas como gendarme, era lo que había sido en una época. En un momento se dio cuenta que no había escuchado a Verónica, que se la pasó hablando sobre él. Y le dijo “ya te debo haber aburrido. Decime algo vos, no dijiste nada“. Y se respondió: “y sí, cómo vas a emitir palabra si no me calle un segundo” y sonrió. Verónica no tenía nada que contarle y menos a un extraño, no era de esas personas que hablaban sobre si, sino de aquellas que preferían escuchar a los demás, porque de seguro tenían algo muy importante que decir o que al menos los ayudaba a descargar y ese papel le encantaba a Verónica, siempre procuró ser alivio para los demás, una buena compañera antes que una quejumbrosa.
Su madre la había estado llamando al celular, había olvidado dejar una nota. La vio y le dijo “¿tenés que irte?“. “Si” respondió ella. “¿Dónde te dejo?”. “No hace falta, me voy desde acá”. Él volvió a insistir y ella volvió a rechazar el aventón. Se despidieron, y él dijo que le había encantado conocerla, le expresó que era muy agradable y bonita y que esperaba verla pronto. Era la primera vez que Verónica se sentía halagada por un cumplido.
jueves, 28 de enero de 2010
es una novela, no tiene titul todavia
Como siempre, limpia sus heridas con agua y jabón. Lava su rostro enrojecido por el llanto, mira la tristeza en sus ojos e intenta disfrazarla. Sale del baño, va a su habitación y busca ropa para luego tomar una ducha.
Mientras el agua recorre su inmaculado cuerpo, siente como el agua pura penetra en sus heridas volviéndolas en un intenso ardor. Toma esa ducha como si la misma lavara sus penas, como si así pudiera al fin dar vuelta la página y continuar.
Ella es Verónica, una mujer niña que pelea sola intentando levantarse después de cada atropello a su puro espíritu.
I
Sábado 13 de diciembre, un día detestable como todos los de la vida de Verónica, otro día vacio, otro día en el cual ocultar sus heridas físicas y espirituales, otro día en el que debe sonreír y contener el llanto, otro interminable día más que extiende su martirio. Como le es habitual demora en levantarse, duda en si tiene merito despertar, desayunar y continuar…pero, lo hace.
Cuando se dispone a preparar su rutinario té, decide encender la radio, aunque sabe que es poco probable que encuentre algo de su gusto. Se empecina en recorrer cada estación, hasta que logra distinguir una canción entre la débil señal de la radio…escucha una frase que se repite a diario: EN EL MUNDO NO HALLARAS MAS QUE ILUSION. Luego de que termina la canción, oye una limpia y joven voz de alguien muy jovial, vivaz y a la vez mediocre. Escucha como aquella persona despreocupada vomita un discurso que no es más que verborragia y una elocuencia trivial. Verónica sonríe ante tan pintoresco y extraño animador. Su nuevo personaje da un numero por el cual la audiencia puede comunicarse con él, y sin pensarlo… toma su teléfono y se comunica con el…mientras siente sonar el teléfono su corazón se agita, sus piernas tiemblan y decide cortar.
II
Viernes 5 de diciembre de 2008, es uno de esos días en que Verónica está un poco más animada, uno de esos días en que ve el reflejo de una mujer en el espejo.
No sabe porque, pero se dirige a la casa de un no tan amigo aceptando su invitación. Entra en la enorme casa de Eduardo, el hijo de un comerciante muy reconocido de la ciudad. Se dirigen a la cocina y ahí conoce a un hermoso y atlético hombre. Queda desconcertada por la luminosidad de su rostro, la paz de su mirada y la melodía de su varonil voz. Verónica no aparta su mirada de él, se pierde en su majestuosa belleza. David, es el nombre de aquel sublime muchacho. Conversan y notan que comparten pasiones, que uno es en el otro lo que buscan. Verónica teme, se había prometido neciamente no volver a enamorarse, pero es incoherente y hasta irrespetuoso negarse a un sentimiento tan puro e intenso como el amor.
¿Qué es el amor? ¿Cuál es su verdadera acometida? Preguntas que podría seguir formulando sin una respuesta concisa, en realidad sin una respuesta que satisfaga a mi juicio. La verdad, el amor, ese sentimiento, esa pasión…es una de las tantas maravillas que posee el mundo (digo maravilla, porque nunca deja de sorprendernos), una de las tantas maravillas que no posee una explicación lógica que justifique lo que es realmente.
Hablemos de ejemplos, una joven o joven tal vez…que vive sin notar esto, que vive sin haber experimentado esta sustancia (podríamos nombrarlo así…ya que intervienen encimas que estimulan diferentes sensaciones que experimenta el sistema)…y, un horroroso día cae en las garras de tan vil sentimiento, de tan inexplorado y tal vez caótico sentimiento…al principio teme, como todo ser: ante lo desconocido titubea, pero luego se llena de “amor”…creyendo que es lo más sublime, lo más exquisito que le paso en su lozana vida…y he aquí la explicación: se ve entregada a la vida de otra persona, ya no importa su estado, sino el de su amado, ya no importa nada mas…ya no hay sueños en que pensar, anhelos…ya no los hay…solamente el sentirse completa porque descubrió el amor. Entonces es cuando el maldito trabajo, ya está hecho…la víctima fue tragada por la incansable bestia, la víctima fue devorada, la víctima fue sometida…sí, uno es sometido a amar, uno no puede escapar, no lo puede evitar y no conozco ser en la tierra que pueda manipular su sentido ante esta bestia, no conozco quien pueda manipularla a ella, no conozco quien pueda escapar a tiempo de ella. Y, como en todos los casos, cuando esta se ve un poco satisfecha de su arduo y asqueroso trabajo, abandona a su presa…la escupe…tal vez en semanas, meses o años. Y, de nuevo encontramos otra acción propia del damnificado…el prometerse que no volverá a amar…una promesa vacía y estúpida. Piensen, ¿quién no ha dicho o pensado esto?...no existe quien. Todos lo hemos hecho, y me incluyo…o también podemos identificar la abnegación hacia el amor…el nuevo ateo, el agnóstico de “algo” en lo que volverá a caer, en lo que volverá a creer esta vez bajo un nuevo rostro brillante en la espesura de oscura soledad.
En fin, podrán pensar que soy negativa…pero esto es una realidad. El amor es estúpido…y nosotros más, por querer negarnos a él. Ya está inserto en nosotros la especie de acción, es como una necesidad humana…el ser necesita sentirse querido, apreciado…necesita sentir que alguien respira por el también, necesita tener en que creer, necesita la fuerza diaria para afrontar su horrible (o quizás no) situación. El amor, es un mal necesario…sé que lo escuché alguna vez…y es así… ES NECESARIO.
III
Sábado 4 de diciembre, verónica toma su bicicleta y su cuaderno de dibujo y se dispone a dirigirse a la plaza central, donde encuentra a sus musas y libera su espíritu dibujando lo que siente.
Aunque su barrio posee una plaza a pocas cuadras de su vivienda, Verónica hace esto para olvidar. Mientras pedalea, no existe nada y por un momento su vida es simple y llana como la de cualquiera. Siempre tiene presenta esta imagen: ella recorriendo las calles con su bicicleta, amena de que su espíritu sobrevuela su cuerpo. Es la explicación que encontró para la inmensa gratificación que siente cuando viaja en bicicleta, viaje astral le dice ella aunque sabe que no lo es del todo pero necesitaba ponerle un nombre a aquella emoción.
Llega a la plaza y busca un banco en el centro de la misma donde haya la suficiente sombra. Saca su cuaderno y observa durante un largo tiempo a cada personaje de aquel sitio: las jóvenes pareja besándose y acariciándose, ancianos discutiendo sobre economía y política, el eterno placero escuchando su diminuta radio y la gente que para acortar camino transita por ella; aquellos que marchan con paso firme y apresurado y los que pasean disfrutando.
Escucha como la plaza vive a pesar del bullicioso ruido de los automóviles: el revoloteo de las aves, el agitamiento de los arboles, siente el intenso silencio de la tierra, siente como se renueva el aire dentro de aquel paraíso. Siente como aquella plaza se vuelve un oasis.
IV
Noviembre 16, aproximadamente hace dos años atrás. Verónica se encierra en su solitario mundo, concurre a la escuela pero se limita a establecer contacto con sus amistades, no escucha y no ve nada a su alrededor, solo revota en su mente la idea de que nadie la ama, de que no es nada para nadie, ni siquiera para su madre.
Ella había intentado toda su corta vida establecer un vinculo con su madre, verónica como toda mujer necesitaba la complicidad y consejos de una madre, pero su progenitora no hacía más que ignorar sus problemas o solamente se limitaba a expresare “no seas boba, son cosas de chicos” o “y bueno, ya va a pasar”, y esto lo decía sin mirarla a los ojos, sin un abrazo, sin un mínimo de expresión de afecto.
Verónica sentía que no poseía nada: el chico que a ella le interesaba no hacía más que pavonearse exponiendo que la diminuta verónica era su pretendiente, sus amistades cada vez estaban más lejos de ella por su propio encierro, pero ella no lo notaba. Se sentía abandonada, no había por qué vivir: el mundo era cruel, hermanos, padres, tíos, primos africanos que vendían a sus mujeres como prostitutas a los rebeldes. Nunca verónica pudo entenderlo, no encontraba explicación para tan aberrante acción.
Esa misma tarde cuando llego, tiro su mochila en su habitación, busco todos los recuerdos de sus amistades y los rompió. Se dirigió con mucho rencor al baño principal, tomo una hoja de afeitadora y pensó…y lloro como nunca en su vida se lo había permitido y dijo en un grito: “no quiero hacerlo, perdóname”. En el momento en que coloco la hoja de acero en su brazo su madre llego y la llamaba a gritos, diciéndole que la ayude con las bolsas del supermercado. Verónica dijo que ya iba, que se sentía un poco descompuesta. Limpio su rostro, se miro en el espejo y se dijo: “si no podes ayudarte vos, nadie puede hacerlo. Estas sola y no necesitas de nadie. A seguir con la función.”
Desde ese día, verónica calmaba sus deseos de muerte cortando su cuerpo, era lo único que la ayudaba, era su escapatoria. Cada vez que iniciaba su ritual, recitaba el siguiente poema de su propia autoría:
Hare silbar el acero,
Lo hare cantar.
Dejare que navegue por mi cuerpo,
Que me bese
Con pasión
Hasta sangrar
Hasta llegar al éxtasis
Hasta elevar el alma.
Y luego decía:
Mi género me rechaza,
Soy el eslabón débil
De la cadena.
Y en un rincón
Llorare y sangrare
Triste el momento en que el hombre se reconoce como nada, triste el momento en que pierde el sentido de su propia vida…cuando pierde el anhelo, cuando pierde la dirección…cuando se ve enredado en un mundo vacio…o mejor dicho un mundo donde el ser diferente, el tener una visión tan intangible de lo que es la vida se vuelve en su contra…lo excluye de la propia familia, no me refiero a sus parientes de sangre…sino a su comunidad, porque en una primera instancia la sociedad, la humanidad…fue una familia: una unidad que perseguía el mismo motivo, la supervivencia…el aprovechar las bondades de la naturaleza, pero eso termino en el mismo día en que el ser humano descubrió la superioridad…en el día en que noto su propia fortaleza…el día en que noto que tal vez podría sobrevivir sin su manada. Y de ahí…cayó en su propia condena o tal vez fortuna. Empezó a tener mucho más tiempo, mucho más empeño en entender lo que no concebía. Y por esto…existen quienes adoptan por vivir el intenso de sus días rebuscando el sentido de esto…LA VIDA. Algunos esperanzados en dinero, otros en amor…otros en una misión…en una vocación. Pero lo que es real es que al fin y al cabo la mayoría cae en la retorica…en la falta de sustanciación, pierde el rumbo, el sentido, la convicción. Y ahí radica la diferencia…ante el vacío, la duda: existen aquellos que no fluctúan y se imponen el recobrar la dirección, el motivo…de volver a creerlo, volver a necesitarlo. Y también existen aquellos que dan por terminada su acometida, cayendo en la patética decisión mal acertada del suicidio… ¿qué puede llegar a ser tan eminente como para optar por un camino corto y vacio? y he aquí otro determinante…quienes defienden con uñas y dientes su justificada acción…el que sobrevive.
El sobreviviente…el incansable luchador por terminar su vida…repetidas veces con métodos estúpidos…sobredosis, laceraciones en brazos, intento de envenenamiento…siempre con métodos que no son certeros, lo que nos dice que ese anhelo, ese capricho por la muerte no es real…sino más bien un intento, más bien un experimento: intentando caer en el sublime poder del control total, el control sobre cuando acaba la historia, el demostrar que se es capaz de terminar trágicamente la patética historia, el demostrar que se posee el valor como para determinar que no tiene nada de interesante continuar.
Podría seguir, pero terminaré esto como lo empecé…TRISTE EL MOMENTO EN QUE EL HOMBRE PIERDE SU VALORACION…TRISTE EL MOMENTO EN QUE NO VE MAS ALLA DE SU PATETICA VIDA…TRISTE ACCION ODIOSA Y EGOISTA…TRISTE DECISION.
V
Es una de esas noches en que verónica es atormentada por la tristeza del pasado. Cuando sufre insomnio es porque le preocupa algo o porque está deprimida recordando algún suceso poco agradable para ella. Hoy es el turno de recordar aquella noche de invierno, una noche de viernes de 1999, cuando solo tenía 9 años de edad.
Viernes, su madre todos los viernes acude a un curso, nunca supo que era, pero lo que si sabía con entera certeza es que a su padre lo enfadaba mucho que su esposa acudiera. Como habían pactado, verónica y su hermano podían usar la consola de video juegos solamente a partir del viernes y el fin de semana y eso hicieron. Carlos, su hermano había hecho trampa, para ganar la partida le había entregado a su hermana el jocktick que no funcionaba y por eso empezaron a pelear. Comenzaron a gritarse y a golpearse. A su padre le molestaba que peleen y es entonces cuando interviene. Se enfoca en verónica, comienza a golpearla sin control. Cuando pudo la pequeña corrió a fuera pero su padre la alcanzo, la hizo caer sobre el césped húmedo y continuo con su brutal acometida. Luego, sin esperar que la niña se levantara, la llevo arrastrándola hasta el depósito ubicado al final del patio y ahí la dejo. Estuvo ahí toda la noche, hasta que su madre volvió.
Nunca logro entender por qué su padre la trataba así, por qué nunca la felicitaba por sus logros, por qué nunca la besaba y abrazaba. No entendió que había de malo en ella, qué la convertía en desmerecedora del amor de su padre. Y mientras lloraba en silencio, recordaba esa foto que había en el living de su casa: su padre sosteniéndola en su regazo y admirando a aquel bebé que era verónica. Pensaba si realmente esa creatura era ella.
Desde ese día, se prometió abandonar su hogar al cumplir los 18 años, desde ese día verónica dejó de amar a su padre.
Falto unos días a la escuela hasta que las marcas en su cara y cuerpo desaparecieran. Durante esos días no dirigió palabra alguna, estaba enfadada con su madre, no podía entender por qué su madre estaba o había estado enamorada de aquel aberrante hombre. No podía perdonar ese amor.
lunes, 11 de enero de 2010
domingo, 10 de enero de 2010
¿Odio o desamor?
Odio… ¿qué es lo que nos impulsa a odiar? ¿El rencor? ¿La envidia? ¿El desamor? ¿La traición?... ¿qué es lo que nos impulsa a odiar? Siempre me lo he preguntado, pero no he encontrado respuesta lógica a mi entender, podría decirse que uno odia porque primeramente amó a ese ser. Mirémoslo desde este sentido: un individuo ama enteramente a otro par, no importa su género, ni qué tipo de relación…se aman, hasta que uno de los dos rompe con el encanto de la relación, cayendo en la mentira, el engaño, la traición, la infidelidad o simplemente en la intolerancia. Depende que sea lo que el individuo afectado crea que es importante para sí, responderá de diferentes maneras ante esto…y de ahí, cuando caiga en la incomprensión, en el desamor…empezara a odiar. Lo hará porque se sentirá poco estimado, poco valorado…y como ya lo he dicho, el sentirse amado, el sentirse prioridad de otro es muy importante para el ser, ya que nuestra psiquis funciona mucho mejor en el reconforta miento del saberse admirado.
Y veremos dos diferentes caminos, o diferentes especies de individuos…aquellos que intentan con todo ímpetu recobrar ese amor, que intentan perdonar la ofensa por parte de su amado…la pregunta es ¿por qué lo hará? Lo hará porque tal vez, crea que la base substancial del amor, es el saber perdonar…el saber juzgar y entender que el remitir ennoblece al hombre, lo pone encima de cualquier otro ser…no cualquiera puede hacerlo, no cualquiera sabe reconocer que el hombre está por encima de falsos sentimientos como el rencor, la envidia, la venganza…entonces ese ser, se negara a ir contra su vil naturaleza, se negará a despreciar a su amado. Por otra parte, tenemos a aquel que no cree en el perdón, que está dispuesto a hacer pagar al desalmado que lo hirió, a aquel que vaga en caminos, planes, ideas de destrucción…ideas llenas de un amor vacio. La justificación de esto es que este ser nunca entendió lo que es amar, nunca entendió qué es abandonarse enteramente o tal vez perdonó y confió sus puros sentimientos en quienes no supieron verlos, entenderlos y apreciarlos.
Es difícil entender por qué un ser odia. Es difícil entender porque es necesario perdonar…es difícil entender que comprende realmente amar.




